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Ésta soy yo, tenía un mal día...
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Yo, Claudio, y Claudio el Dios y su esposa Mesalina, de Robert Graves

"Recomendar una monarquía por la prosperidad que confiere a las provincias, me parece igual a recomendar que un hombre tenga libertad para tratar a sus hijos como esclavos, siempre que trate a sus esclavos con una razonable consideración"
.
Por más intentos que hago por entrar en la cultura, no consigo que la cultura entre en mí. Esto, que es un fastidio en cuestiones sociales (reuniones, cenas, partidas de Trivial Pursuit, etc.) en las que debo permanecer lo más callada posible con la esperanza de ser tomada por una observadora inteligente, y a riesgo de parecer tonta, que siempre es mejor que abrir la boca y despejar las dudas, es una verdadera desgracia a nivel personal. Sin embargo, en ocasiones, como es la lectura de un buen libro de historia, este defecto es para mí una ventaja. Lo es porque, a diferencia de cualquier otra persona que haya invertido la cantidad de tiempo, esfuerzo y dinero que he derrochado yo en estudiar y leer, yo no sé nunca quién venció en qué batalla, quién mató a quién, cómo murió cada cual, o quién se casó con quién ni por qué, y por tanto disfruto del misterio hasta el final en todas las novelas de historia como si fueran de suspense.

Con ésta he disfrutado especialmente. Si alguien me la describiera someramente: relato biográfico (supuestamente autobiográfico porque está contado en primera persona), con mucho texto y descripciones, sin apenas diálogos, dispuestos a lo largo de 508 páginas de letra pequeña y apretada el primer tomo y 558 el segundo, decididamente no habría resuelto leerlo. Por suerte, la había leído hace muchos años, cuando más que leer devoraba y la lectura me aprovechaba aún menos que ahora, y sabía que me había dejado un buen regusto, por lo que decidí releerla.

En compendio es una de las novelas más geniales que he leído hasta ahora. Ya el principio, cuando presenta al personaje principal, anticipa al lector el tono inteligente y elegantemente irónico que va a seguir el escritor en el curso de la historia que nos va a relatar. La historia de “Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-de-más-allá” (porque no piensa molestarnos todavía con todos sus títulos), más conocido como el emperador tonto Claudio.

Como digo, en primera persona, sin muchos diálogos, sin muchas batallas (el primero), sin florituras, sin excesos literarios de ningún tipo, el autor nos sumerge en la sorprendente personalidad de este supuesto bobo que, sin quererlo porque era republicano de corazón, llegó a ser uno de los mejores emperadores de la antigua Roma.

Es maravilloso ir descubriendo, con cada párrafo, cómo va perfilando cada personalidad, alumbrando cada acontecimiento, dotando de sentido cada hecho político, o dando vida –y muerte- a todos los personajes que surgen de sus páginas. Es como ir acompañando a Claudio en cada paso que da, pero con una perspectiva interna y personal.

Me encanta cómo utiliza la primera persona para congraciar los defectos y las virtudes, los logros y los fracasos, las dignidades e indignidades del protagonista dando forma así a un ser aún más complejo por lo simple y todavía más simple por lo complejo. El personaje, Claudio, es retratado aquí como un ser más que digno, un tipo merecedor de los más altos honores. Sus supuestas indignidades quedan disculpadas creativamente por motivos lógicos.

Con su lectura se aprende mucho, incluso yo, sobre ese período de la historia de Roma. Al contarnos la vida de Claudio, naturalmente repasa la de los miembros más destacados de la familia Claudia, a la que pertenece, como también la de otros personajes influyentes, o que por algún motivo lograron pasar a los anales, de ese período histórico. Dada la longevidad de Claudio y su interés historiador, el libro abarca los períodos de gobierno desde Julio César, pasando por Augusto, Tiberio, Calígula y él mismo, hasta la de su sucesor Nerón.

Además, y por si eso fuera poco, ambos libros son entretenidos (más el primero pero sólo por matizar ya que los dos merecen la pena), gozosos de leer, e increíblemente actuales teniendo en cuenta la época en la que se basan y la cantidad de años que hace que fueron escritos.

Los entendidos dicen que incurre en fallos históricos, aunque dada mi carencia yo no los he detectado, pero que aún así no desmerecen los libros pues no dejan de ser novelas.

Descargar “Yo, Claudio”, de Robert Graves en pdf

Descargar “Claudio el dios y su esposa Mesalina”, de Robert Graves en pdf